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Encanto nocturno citadino

Alumbrando México

CALTUM TURQUIE CARLOS

Se conoce que la ciudad de México se electrificó a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, y que esta industria eléctrica llegó gracias a las compañías de electricidad británicas, compañías que se pudieron desarrollar gracias a cuatro factores que se presentaron en el México de esa época.                

“En primer lugar la industria se vio afectada por sucesivos cambios operados en el proceso de toma de decisiones en la política económica de México; en segundo lugar por un cambio en la posición de los inversionistas extranjeros en México, en particular Lord Cowdray, pionero de las inversiones en electricidad, quien vio afectadas sus relaciones con las autoridades gubernamentales; en tercer lugar, por los requerimientos financieros de los distintos gobiernos revolucionarios que surgieron a partir de 1911; y por último, debido a los cambios tecnológicos que operaron en la industria y la creciente demanda por su uso”[1]

         Su desarrollo estuvo implicado en un momento histórico en que el país pasaba por procesos políticos cambiantes, un día estaba al poder el general don Porfirio Díaz Mori, y al otro día se encontraban aquellos políticos que buscaban acabar con el poderío de Porfirio Díaz y su gabinete, o sea, la política mexicana estaba dentro de guerrillas tanto fuera de la ciudad como en las regiones de su alrededor. Esta situación dejó en el ojo público al país, y por ende el interés de invertir aumentó, sin embargo, los medios de comunicación de esa época mencionaban que la inversión sería favorecedora “siempre y cuando el gobierno… se vuelva más seguro y efectivo”[2]                                                               Todos creyeron que Porfirio Díaz era el indicado para poder llegar a un común acuerdo con los extranjeros que estaban interesados en invertir en México, o al menos eso se pensaba. Fue así como Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania y Francia pusieron todos sus intereses en la región para que despegara un nuevo rubro en la economía mexicana, la industria eléctrica.                     La primera planta eléctrica que se inaugura en México se funda en el año de 1879, “instalada en una fabrica de textiles en la ciudad de León, Guanajuato.”[3] En 1881 “la compañía de Samuel B. Knight, puso en servicio las primeras 40 lámparas eléctricas para el incipiente alumbrado público, que, al término de la época alcanzaron la cifra de 300 luces”[4], así fue como comenzó a iluminarse las calles del país y algunas regiones de lo que es territorio mexicano.                                                                                       El avance del alumbrado fue paulatino, y ciertamente quien llevó la batuta de la modernización fue el expresidente don Porfirio Díaz. Se debe de mencionar que, en este proceso, la Compañía de Mexicana de Gas y Luz Eléctrica, empezó a proporcionar alumbrado publico desde sus instalaciones hasta lo que era la calle de Reforma. A finales del siglo XIX y principios del XX el país ya contaba con 177 plantas eléctricas, muchas de origen y capital extranjero. Sobre esta realidad del México del siglo pasado, existen dos verdades, la industria eléctrica ciertamente estaba a manos de los extranjeros, una parte de inversión europea (británica para ser exactos) y otra parte de inversión americana.              Ambas inversiones, la británica y la norteamericana, tuvieron un auge en el crecimiento de la economía, tuvieron buenos adelantos en los años posteriores a su llegada al suelo nacional, hay un registro que nos dice en la obra de Alma Parra que para el año de “1897 el total de capital (estadounidense) invertido en América Latina era de 320 millones de dólares, de los cuales 205 millones (64%) se encontraba en México”[5].                                            Como era de esperarse otros países extranjeros tuvieron intereses en invertir en México, fue así como llegaron compañías de Alemania, Francia, Holanda y Canadá, pero, a pesar de tener la presencia extranjera, quien tenía el poder al menos en esta rama de la electricidad fueron los norteamericanos. Si bien, la intención de invertir en México era el desarrollo de la industria eléctrica, también movió en los inversionistas el poder desarrollar otro tipo de industrias como la textilera y cervecera, sólo por mencionar algunas ajenas al tema central.                                                                  Volviendo al tema de las inversiones británicas, que fueron de las primeras que existieron en el país, Lord Cowdray o Weetman Dickinson Pearson, fue el mayor inversionista. Sus empresas se mantuvieron estables , por la manera en que trabajaba con ellas, es decir que, a pesar de que todo su capital viniera de su país , todo lo que respectaba al manejo de ellas lo realizaba desde México. Otro factor que favoreció la estabilidad de las empresas de Cowdray fue la amistad que mantenía con Porfirio Díaz, que hacía sobresalir el interés por crear una alianza con el gobierno mexicano y el gobierno británico, en cuanto a esta relación se vio frenada por la situación acalorada que llegaba en cuanto a temas políticos.                                                                            A pesar de los disturbios en la política mexicana, y los lazos frenados entre ambos países, las empresas de Cowdray siguieron desarrollándose favorablemente, la demanda por electrificar distintas regiones de México incrementó , sobre todo en la zona minera que se alumbraba por las industrias hidroeléctricas , este proceso de modernidad e industrialización en lo que serían los últimos años de mandato de Porfirio Diaz se vio “acompañado de una creciente urbanización e integración cada vez más amplia de un mercado doméstico que también contribuyó a ensanchar la demanda de electricidad”[6].                             Nos gustaría decir que Cowdray tuvo únicamente presencia en la industria eléctrica, pero este hombre tuvo un papel fundamental en el desarrollo industrial (como en la industria petrolera) y económico en México. Su presencia e inversión en el país modernizó el México de 1900 y las primeras tres décadas de ese siglo. Por consiguiente, todo este desarrollo que se efectúo trajo consigo una ruptura en el orden social, e incentivaron nuevas reformas o leyes que favorecieran las inversiones que en ese momento llegaban al país.

[1] Parra L, Alma, Los orígenes de la industria eléctrica en México: las compañías británicas de electricidad (1900-1929), en Revista. Historias (sitio web), s/f,  consultada el 2 de febrero 2023, https://www.estudioshistoricos.inah.gob.mx/revistaHistorias/wp-content/uploads/historias_19_139-158.pdf, p.139.

[2] Parra L, Alma, Op Cit, p.139

[3] Ortega Lomelin, Roberto, Cap II. El sector eléctrico, en La evolución constitucional de la energía a partir de 1917, México, Secretaría de Energía – Secretaría de Cultura – Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2016, p.78.

[4] Ortega Lomelin, Roberto, Op. Cit, p.78

[5] Parra L, Alma, Ibid, p.141

[6] Parra L, Alma, Ibid, p.143

BIBLIOGRAFIA

 

  • Parra L, Alma, Los orígenes de la industria eléctrica en México: las compañías británicas de electricidad (1900-1929), en Revista. Historias (sitio web), s/f, consultada el 2 de febrero 2023, https://www.estudioshistoricos.inah.gob.mx/revistaHistorias/wp-content/uploads/historias_19_139-158.pdf, p. 139 – 158.

  • Ortega Lomelin, Roberto, Cap II. El sector eléctrico, en La evolución constitucional de la energía a partir de 1917, México, Secretaría de Energía – Secretaría de Cultura – Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2016, p. 77 – 119.

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